Portilla, hincha de Santa Fe: el candidato que se burla del Atlético Bucaramanga y ahora quiere gobernarlo

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Antiguos trinos de Cristian Portilla burlándose del Atlético Bucaramanga reavivan la pregunta que duele en la ciudad: ¿cómo pretende ser alcalde alguien que ni siquiera siente los colores que nos representan?

Portilla, hincha de Santa Fe: el candidato que se burla del Atlético Bucaramanga y ahora quiere gobernarlo
Cristian Portilla volvió a quedar en el centro del debate político en Bucaramanga, no por sus propuestas ni por su plan de gobierno, sino por lo que muchos consideran una confesión imperdonable para quien pretende dirigir la capital santandereana: ser hincha de Santa Fe y burlarse públicamente del Atlético Bucaramanga.

Los mensajes, antiguos pero muy claros, resurgieron esta semana en redes y golpearon de lleno a la campaña que intenta venderlo como “el hombre que siente la ciudad”.

Los trinos recuperados muestran a un Portilla despectivo con el equipo que hoy es símbolo regional, que llena estadios y que, por primera vez en décadas, puso a Bucaramanga en las noticias deportivas mundiales. En esos mismos mensajes se carcajea del rendimiento del club, ironiza sobre la hinchada y se jacta de su amor por el equipo bogotano. Hoy, en plena campaña, su pasado digital regresó a cobrar factura.

El escándalo no tardó en encender la conversación: ¿cómo aspira a ser alcalde alguien que ni siquiera respeta la identidad futbolera y emocional de la ciudad?, ¿qué credibilidad tiene un candidato que antes se burlaba de Bucaramanga y ahora pide que lo defiendan en las urnas? La gente lo dice sin rodeos: “Si no quiere al equipo, tampoco quiere a la ciudad”.

En su comando de campaña intentaron bajar el tono. Aseguran que todo fue antes de su vida política, que ya no piensa así y que los ataques responden al desespero de sus opositores. Pero el problema es otro: la memoria colectiva no perdona al oportunismo. Lo que fue escrito algún día contra el León ahora pesa más que cualquier eslogan de último minuto.

Jaime Andrés Beltrán salió, nuevamente, al rescate. Denunció una campaña sucia, habló de persecuciones y pidió que no se dejen “amedrentar”. Pero su defensa terminó alimentando otra pregunta que viene circulando: si Portilla no es capaz de sostener su identidad más básica —la futbolera—, ¿de qué más podría disfrazarse para buscar votos?

Mientras Portilla guarda silencio y el beltranismo intenta contener el daño, la hinchada —esa que no perdona— ya sentenció su opinión. Las urnas dirán lo demás. Pero en Bucaramanga hay una frase que retumba en las tribunas y hoy también en la política: quien no siente la amarilla, no merece representar a esta ciudad.