Manuel Parada, el asesor de Twitter que se quedó sin chamba
Durante meses, el hombre jugó a ser el “chacho” de la Alcaldía en versión redes: opinador premium, voz de mando no oficial, y juez de todos los demás candidatos… con esa energía de quien se ríe porque cree que ya ganó la vida.
En Bucaramanga hay un mito urbano que aparece cada cuatro años: el asesor que confunde el cargo con corona, el teclado con mando, y el “yo soy del despacho” con “yo soy el despacho”. A ese personaje muchos lo ubican por un apodo y un estilo: Manuel Eduardo Parada Rueda, “Manolete”.
Durante meses, el hombre jugó a ser el “chacho” de la Alcaldía en versión redes: opinador premium, voz de mando no oficial, y juez de todos los demás candidatos… con esa energía de quien se ríe porque cree que ya ganó la vida. El detalle es que en la vida real el poder no se mide en soberbia, se mide en una cosa aburridísima: actos administrativos.
Y ahí es donde empieza la comedia.
Del “yo mando” al “Por la cual se efectúa un nombramiento ordinario”
Primero, el ascenso: Parada no fue un “influencer político” por fuera. Sí estuvo nombrado como asesor de libre nombramiento y remoción del despacho, con efectos desde el 1 de enero de 2024, en resolución oficial de la Alcaldía. O sea: no era cuento. Estaba en la nómina. En el organigrama. Con puesto. Pero ojo: libre nombramiento y remoción es como esos amores intensos de Bucaramanga: empiezan con ilusión y terminan con un “gracias por participar”.
La escena del ego: cuando la política se vive como reality
Parada venía de su propio intento de Alcaldía y, en plena recta final, se bajó y se sumó al proyecto de Jaime Andrés Beltrán. Lo contó Vanguardia y también Caracol Radio. Ahí nació el personaje completo: el que renuncia, se pega al que puntea, entra al círculo y luego habla como si la ciudad le debiera reverencia. Y como toda temporada de reality, hubo capítulo “defensa a capa y espada”: desde su propia cuenta en X, Parada difundió que un “experto en derecho electoral” decía que Cristian Portilla no estaba inhabilitado.
Hasta ahí, normal: política, redes, bulla.
El problema es cuando el personaje se cree tan protagonista que se le olvida el dato más importante: los cargos no tienen dueño, tienen fecha de vencimiento.
Y llegó la Alcaldía con su mejor chiste: la insubsistencia
Después vino el golpe que a muchos les pareció poesía administrativa: en medio del remezón institucional, se conoció públicamente que Manuel Parada (“Manolete”) fue declarado insubsistente en la Alcaldía. En redes locales lo difundieron con nombre y apodo. Y aquí va la parte que duele (y da risa, dependiendo del bando): pasó de “yo soy del despacho” a “¿y ese man dónde anda?”. Del ruido al silencio. Del altar al archivo. Porque la insubsistencia, en términos bumangueses, es esto: “mijo, recoja el pocillo y me entrega el carnet.”
El verdadero castigo: no es salir… es volverse prescindible
La ciudad ha visto mil salidas. Pero hay una salida que es peor que el escándalo: la salida por irrelevancia. Cuando alguien construye su personaje desde la burla y la superioridad —“mírenlos, no pueden”, “yo sí”, “yo mando”— se gana aplausos momentáneos… y una cuenta por cobrar en la memoria colectiva. El que ayer se reía de todos, hoy descubre que la vida pública tiene una regla cruel: la gente no odia tanto como ignora. Y cuando te ignoran, se acabó el “poder”.
Conclusión: en Bucaramanga la soberbia no cotiza pensión
La lección es simple y sabrosa, como chisme bien contado: si tu liderazgo depende de humillar a otros, no eres fuerte: eres temporal. Y si tu importancia depende de un cargo de libre nombramiento, lo más probable es que termines con el único título que nadie presume: ex.
A “Manolete” la ciudad le está dejando una enseñanza de esas que no caben en un tuit: la vanidad te da likes… pero la Alcaldía te responde con un documento. ¿Y lo más irónico? Que el final no fue épico. Fue administrativo.
Y por eso mismo, dueño de nada, rey de nadie: solo otro nombre que pasó del teclado al silencio.
