La Liga Anticorrupción perdió el rumbo: terminó aliada con los mismos que decía combatir

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Lo que fue un movimiento ciudadano de indignación se transformó en un partido aferrado al sistema que juró derrumbar. La coalición “Alma” —vendida como unión por el país— luce más como un salvavidas de la clase política tradicionalque como un frente de renovación.

La Liga Anticorrupción perdió el rumbo: terminó aliada con los mismos que decía combatir
La que un día fue presentada como la bandera limpia y contestataria de Rodolfo Hernández —la Liga de Gobernantes Anticorrupción— hoy luce irreconocible. De denunciar a los “politiqueros de siempre”, pasó a alianzas de supervivencia con los mismos partidos a los que señalaron de capturar el Estado.

El anuncio de que Cambio Radical, símbolo del viejo establecimiento y del clientelismo que la Liga prometió derrotar, se suma a su coalición electoral, marca un punto de no retorno: la Liga dejó de ser anticorrupción para convertirse en una pieza más del ajedrez tradicional.

A la cabeza del partido está Camilo Larios, cuya gestión interna ha sido vista como errática, improvisada y basada en cálculos personales más que en principios. Diversas voces dentro del mismo movimiento lo acusan de haber negociado la esencia del proyecto a cambio de cuotas políticas y protección personal.

Y como si fuera poco, su liderazgo se ha visto acompañado de cuestionamientos públicos alrededor del rol político de su padre —un veedor con historial de polémicas y denuncias ciudadanas— que hoy pesan aún más frente a un partido cuyo único capital era la ética como bandera. El contraste es brutal: los que señalaban a los corruptos ahora pactan con ellos.

Lo que fue un movimiento ciudadano de indignación se transformó en un partido aferrado al sistema que juró derrumbar. La coalición “Alma” —vendida como unión por el país— luce más como un salvavidas de la clase política tradicional que como un frente de renovación.

Los rodolfistas que creyeron en la causa original se preguntan: ¿cuándo se torció todo esto? ¿En qué momento la lucha contra la corrupción se convirtió en un negocio de avales, cuotas y supervivencia electoral?

La caída no es solo simbólica: tiene nombres y consecuencias. Hoy la Liga está cooptada, desdibujada y alineada con lo mismo que decía destruir.
Una derrota ética que no se puede ocultar debajo de un eslogan gastado.

Porque la verdad es simple y dolorosa: La Liga de Gobernantes Anticorrupción dejó de ser Liga. Y mucho menos anticorrupción.